Construcción política a las orillas de una pseudopolarización

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Minorías polarizantes y falta de construcción política

Dos minorías lideran la construcción de agenda política en Argentina. Dos identidades políticas que no pueden generar suficiente hegemonía alrededor de sus proyectos como para liderar al conjunto de la ciudadanía por un rumbo. No pueden construir un proyecto hegemónico que atraiga a mayorías populares a nivel nacional. Le faltan liderazgos seductores e incluyentes y programas de gobierno con las que esas mayorías puedan identificarse y converger. Para ser claros, dos minorías representadas en Cambiemos y Unidad Ciudadana (Cristinismo). Finalmente, dos minorías que pese a fallar en la construcción de poder por fuera de su circularidad, sí tienen la capacidad de dividir la cancha simbólicamente en dos, los nuestros y los de ellos. Esto no es casual, son las fuerzas con mejor adoctrinamiento de sus ideas a lo largo y lo ancho de cada organización, con mayor homogeneidad en sus prácticas, símbolos y “programas”. Por todo esto, terminan siendo las fuerzas con los discursos más coherentes, bajo sus propias lógicas y objetivos, hacia adentro de cada organización.

Minorías que actúan como si fueran mayorías amplias y populares pero que finalmente son lo que son, expresiones minoritarias.

Bajo la falsa premisa de ser una fuerza mayoritaria y popular, por ejemplo, Cristina Fernández termina excluyendo a Florencio Randazzo, uno de los más serios aspirantes a reemplazar su liderazgo hacia dentro del Partido Justicialista (PJ). Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) terminan revelando esta falsa premisa y dando un baño de realidad, a una fuerza política cada vez más minoritaria que, a la luz de los resultados, debiera haber consensuado con Randazzo. Cambiemos, por otro lado, ha optado por verse a si misma como la fuerza del 52% del balotaje en vez de la fuerza del 30% de las primarias. Para Mauricio Macri y la dirigencia de Cambiemos

La gente voto por el cambio

La realidad es que sólo un 30% de la gente votó por ese cambio, el 52% votó en contra de Daniel Scioli. Su capital electoral no está en lo que genera propositivamente sino en lo bien que representa ser lo opuesto a todo resabio de ese pasado con el que necesita polarizar.

Cambiemos solo termina siendo una mayoría más amplia como negativa de una fuerza que cada día es más minoritaria, el Cristinismo.

Cuando Cambiemos asume “que la gente voto por el cambio”, asume la falsa premisa de haberse constituido en una fuerza mayoritaria. Por no asumir su condición de primera o segunda minoría termina asumiendo que “el cambio” debe venir desde el interior de la propia fuerza y no de la construcción de consensos y diálogos con el resto de fuerzas políticas, compuestas básicamente por las diferentes versiones de peronismo. Esta miopía para verse a sí misma como una minoría en ideas y en votos lleva a un incorrecto análisis de sus propias fortalezas y debilidades y puede en definitiva transformarse en su tu talón de Aquiles.

Es la política, estúpido…

Bajo una polarización real, las fuerzas marginadas terminan siendo absorbidas por la polarización o no llegan a participar de los lugares de decisión. Esto además es mucho más claro en regímenes tan fuertemente presidencialistas como el nuestro, más allá de los cambios que se vienen produciendo en el sistema de partidos. En cambio, en este escenario de pseudo-polarización, las fuerzas no polarizadas como el PJ o el Frente Renovador (FR) pueden generar estrategias por fuera de esa polarización y hasta transformarse en actores principales del juego político. Hasta ahora el FR y el PJ actuaron como frentes de veto hacia las minorías que actúan como mayorías. Tal vez la clave para estos dos sectores del peronismo esté menos en centrarse en lo que haga una minoría como el Cristinismo que viene perdiendo representación o una minoría como Cambiemos que pretende gobernar por sí sola con un 30% de capital electoral. Tal vez esos peronismos puedan ser los únicos con real capacidad de generar consensos por fuera de sus propias situaciones actuales y por ende los únicos que puedan transformar esta situación de suma cero entre Cristina Fernández y Mauricio Macri, donde actualmente, termina venciendo Macri.

Las grietas de la grieta

El fin de esta pseudo-grieta o pseudo-polarización es una ecuación que no terminará de resolverse hasta que los actores involucrados, los protagonistas directos o los que se intenta marginar a las orillas, produzcan giros en sus políticas que permitan cambiar el peso real de cada actor en esta obra. Sin resolución, la política actual no deja de ser un juego de suma cero entre minorías que no generan consensos de fondo, fuerzas minoritarias de la vida política que terminan apenas superándose en contiendas electorales donde representan más las fobias a las otras fuerzas que planes de gobierno reales. Esto termina impidiendo la construcción de planes de gobierno a largo plazo, elemento esencial para cualquier Estado como el nuestro que necesita revertir situaciones profundamente injustas que se dan en todas las esferas de nuestra vida social.
A partir de la previsible victoria de octubre de 2017, Mauricio Macri puede asumir un liderazgo diferente al actual, abierto y constructivo de cara a un peronismo al que debe seducir y a una porción del electorado aún bastante distante y desconfiado. Conversando muy tangencialmente con el Cristinismo, aventurándose a resolver la tan versada antagonía con éste, más a través de éxitos en políticas de gobierno que de presentarse como la alternativa a un pasado que cada día queda más en el pasado. Romper con esa forma de hacer política, es decir, dejar de seguir subiendo al escenario a una Cristina Fernández aislada del peronismo, a la que puede ganarle el mano a mano, es una apuesta complicada a corto plazo. Macri podría terminar apostando todo su capital; el ser el mejor ejemplar de lo opuesto a ese pasado que mucha gente rechaza y le permitió cosechar ese 52%. Eso finalmente le podría costar la elección del 2019. La pregunta es por cuanto tiempo podrá polarizar con ese pasado cada día más lejos, sin que el resto de fuerzas políticas del peronismo gane más protagonismo y se adueñe por completo de esta falta de iniciativa política.
Por otro lado, está la situación del peronismo, fragmentado y con grandes necesidades de renovar su proyecto de país, sus propuestas de fondo y sus liderazgos. Sobre todo, con una gran necesidad de resolver la otra grieta de la que nadie habla, la del peronismo actual, Cristinismo / Anticristinismo. Si el peronismo es capaz de resolver su propia grieta tal vez pueda generar un proyecto que convenza a esas amplias mayorías que un gobierno debiera representar para hacer avanzar la sociedad en su conjunto hacia adelante.

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