Disminución de la pobreza en un contexto de mayor desigualdad y desocupación

0
1475

Pero el hombre mismo tiene una invencible tendencia a dejarse engañar y está como hechizado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos épicos como si fuesen verdades, o cuando en una representación teatral el actor, haciendo el papel de rey, actúa más regiamente que un rey en la realidad (Friedrich Nietzsche)

Hace algunas semanas, en pleno fragor de la campaña electoral, escuchamos al Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) Horacio Rodríguez Larreta, hablar de los éxitos de su gestión y cómo comenzaban a llegar a las casas de los porteños. Entre ellos, uno de los indicadores que más penetran en las entrañas de todos los argentinos de bien: la pobreza. La información que brinda la Dirección de Estadísticas y Censos de la CABA muestra que la pobreza por ingresos registró una caída de dos puntos en el primer trimestre de este año alcanzando al 10.2% de los hogares porteños mientras que los hogares indigentes pasaron del 4 al 2.9%.

Acá quiero hacer una aclaración. Unas semanas después el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la Argentina (INDEC) dio un dato sobre la pobreza de la CABA distinto. Este último registró un aumento de los pobres. Sin embargo vamos a tomar el dato de la CABA, por un lado porque elegimos tomar la información de un mismo sistema, el de la Ciudad. Por otro, porque queda claro que cada proyecto político tiene su sistema estadístico; todos construyen sus verdades.

Volviendo al tema de la pobreza, es sorprendente el encuentro con datos que contradicen lo que vemos cada vez que prendemos unos minutos la televisión. Pensar una baja en la cantidad de pobres cuando vemos un interminable desfile de periodistas diciendo que la situación económica está difícil por culpa del gobierno anterior, u otros que dicen que está difícil por culpa de este y algunos, menos, por culpa de ambos. Todos coinciden en que la cosa viene dura.

La realidad es que la vida viene difícil para todos los porteños más allá de algún indicador que presenta números positivos.

¿Cómo se explica que baje la pobreza en un contexto de mayor cantidad de gente en situación de calle, más concentración del ingreso en los deciles de mayor ingreso, más desigualdad manifiesta en el aumento del índice de Gini, el encarecimiento de la canasta alimentaria y una mayor tasa de desempleo?

La gente está peor pero es menos pobre

El propio gobierno de la CABA atribuye esta variación principalmente a los ingresos no-laborales que transfiere el Estado nacional a través de las políticas de Asignación Universal por Hijo (AUH) y Reparación Histórica para jubilados, aunque esta última impacta mayormente en los deciles más altos. De hecho, la Ciudad cuenta con un 9% más de beneficiarios de AUH por la posibilidad que se le dio a los monotributistas de percibir el beneficio.

Es interesante que el mismo grupo de personas que llegó a gobernar el país pregonando el fin de la “vagancia” fomentada por los planes sociales sean los mismos que sostienen este nuevo rumbo político, económico y social a partir de transferencias monetarias.

La CABA es un buen parámetro para pensar y evaluar las transformaciones que se vienen gestando.

Algunos indicadores económicos que presentó la CABA en el último tiempo nos muestra que el cambio no está siendo muy bueno para la mayoría de los ciudadanos, en particular para aquellos que viven en la zona sur. Si tenemos en cuenta los ingresos promedios de las familias, aquellas que residen en zona norte experimentaron un aumento superior que aquellos que residen en zona sur. Hace un año los hogares del norte de la ciudad percibían ingresos 2.09 veces mayores que los del sur mientras que hoy esa diferencia es de 2.2 veces.

Esta concentración no es solo geográfica sino que también se vislumbra entre deciles. Si vemos cómo se movió la concentración del ingreso, durante el primer trimestre del 2017, en términos per cápita el 30% más rico concentró el 51% de los ingresos mientras que un año antes era del 49.9% y poquito más atrás, en el último trimestre de 2016 fue del 48.3%.

Todo esto redunda en que la CABA tiene el coeficiente de Gini de ingreso per cápita más alto de la última década, 0.430 que ni siquiera la incorporación de ese 9% de beneficiarios de la AUH pudo mejorar.

Debe ser la primera vez que una política pública de carácter redistributivo no reduce la desigualdad. 

Una de las características que sobresalen en la política pública de los gobiernos anteriores es que tenían un espíritu universal y redistributivo que permitieron mejorar la calidad de vida de la gente mientras en paralelo generaba puestos de trabajo. La intervención del Estado no era paliativa de los desórdenes del modelo económico sino que constituyó una pata (en teoría transitoria) de ese modelo centrado en el sostenimiento del consumo interno. Las políticas públicas neoliberales son compensatoria de las fallas de mercado y la distribución primaria del ingreso, resultante de los mecanismos de mercado y sus condiciones iniciales (precios relativos, estructura productiva, matriz impositiva, factores socio-culturales). La AUH no busca relacionarse con un sujeto constituido por su condición de pobre, sino con un trabajador que coyunturalmente está desempleado o es parte de una relación laboral informal. Así lo sostiene, por ejemplo, Ana Logiudice.

Parece casi premonitorio que este gobierno haya incorporado a los hijos de los monotributistas (debemos decir que nunca debieron estar afuera) al cobro de la AUH ya que el aumento de la desocupación obligó a muchos a inscribirse en este régimen.  Entre diciembre de 2015 y mayo de 2017 cayó la cantidad de asalariados del sector privado y crecieron los monotributistas.

En la CABA vemos que durante los primeros trimestres de 2016 y 2017  la tasa de desempleo, de empleo y de actividad aumentan. ¿Qué significa esto? que hay más gente buscando trabajo, una parte de ellos lo encuentra pero una parte mayor se queda con las ganas.  Es interesante resaltar esto del aumento del nivel de actividad ya que no podemos olvidar que el costo de los alimentos aumentó un 50 % en el último año y medio. Cada vez es más difícil parar la olla con un solo sueldo.

¿Cómo se explica todo esto?

¿Será que los neoliberales entendieron que no pueden sostener un proyecto político como el que proponen sin costos económicos? ¿El fracaso de las políticas sociales focalizadas y descentralizadas durante la década de los 90 que dejaron a la mitad de la población bajo la línea de pobreza obligó a un replanteo y a mantener cierto grado de centralización y universalidad? Y la pregunta que se hace todo el gobierno:

¿Cómo hacer un ajuste brutal sin morir en el intento ni volver a diciembre de 2001?

Durante los 90, el menemismo legitimó su plan de reformas apoyándose en la crisis económica que había dejado el gobierno de Raúl Alfonsín y más concretamente en una serie de elementos no modernizados, entre ellos, el Estado. Este era el causante de los desarreglos sociales y económicos y fue el puntapié de la segunda y definitiva incursión del neoliberalismo en el país. Hoy, la legitimación no tiene como comienzo una crisis, por eso hay que construirla simbólicamente (cosa que el macrismo hace muy bien) y mientras tanto, hay que hacer cosas que el ideario neoliberal no recomienda, por ejemplo subsidiar la pobreza.

Solo a partir de medidas que podrían (deberían) haber implementado los gobiernos kirchneristas como fue la incorporación de los monotributistas a la AUH o la Reparación Histórica es posible tolerar este nivel creciente de desempleo, desigualdad y concentración de los ingresos. A veces la política necesita de cierta flexibilidad que le permita sacrificios a corto plazo que garanticen rentabilidades, también a corto plazo.

Los gobiernos de Mauricio Macri y Rodríguez Larreta convirtieron un instrumento redistributivo en una política focalizada y de contención de la demanda social centrada en los próximos caídos de la revolución de la alegría, los que perdieron la estabilidad laboral y ahora tienen que rebuscarse en el día a día.

Vamos a cerrar con otra frase de Nietzche, porque él siempre supo que la única verdad es la realidad pero sólo si te la cuentan los poderosos. La realidad es que en la ciudad de Buenos Aires con mayor ingreso per cápita y mayor presupuesto, la diferencia entre los que más tienen y los que menos tienen es cada vez mayor. A contramano de lo que puede pensar cualquiera, la verdad es que sacaron más votos que nunca.

Se encuentran profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños, sus miradas se limitan a deslizarse sobre la superficie de las cosas y percibir formas, sus sensaciones no conducen en ningún caso a la verdad, sino que se contentan con recibir estímulos y, por así decirlo, jugar un juego de tanteo sobre el dorso de las cosas

Esteban Pierrot & Matías Martínez

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here